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Nueva Campaña de Oración por los Sacerdotes

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 Hoy es la fiesta de San Juan María Vianney, patrono de los Párrocos, coincide también con el vigésimo segundo aniversario de la reedición de El caballero de Nuestra Señora, que es fruto de la acción sacerdotal del "Señor Cura", nuestro Párroco el P. Carlos Lojoya, quien lo fundó en su primera etapa (1984) y nos formó en lo Bueno, lo Bell o y lo Verdadero y en el espíritu misionero de la Iglesia, que nace el mismo día de Pentecostés y que durante dos mil años se sostuvo viva, con el espíritu de lleva a todos los hombres la salvación pa guiar al hombre en su primera dificultad que es su destino eterno, esta es la gran misión de la Iglesia y esta es la razón de ser del sacerdocio que está ordenado a lo sobrenatural y ordenado a la edificación del Cuerpo Místico y elevación de las almas al Cielo. Por eso necesitamos sacerdotes y sacerdotes santos, frente a la gran crisis sacerdotal que vivimos en estos años, no vemos mejor manera de celebrar estos veintidós años que renovar nues...

Amó la Verdad

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  Reza así el epitafio que fue definido por los familiares, amigos e hijos espirituales del padre Julio Menvielle, al enterrarlo en la Parroquia en la que estuvo a su cargo, cuyo actual Templo construyó, con gran esfuerzo. Las envidias, el odio que el progresismo tenía contra el padre, que lo dejo en evidencia, no permitieron ser inhumado en el interior del Templo y hubo de construirse la tumba en el atrio parroquial, colocando este epitafio que lo define. Nótese que no dice “su verdad”, no dice “la verdad católica”, no dice “la verdad de la Iglesia”, todas expresiones del relativismo modernista que destruye e iguala todo. Dice con claridad amó la Verdad y lo dice con mayúscula porque no habla de un abstracto, no habla de una cosa, habla de un ser, habla de Aquel que Es. El padre Julio amó a Cristo, que es la Verdad, el Camino y la Vida y toda su obra, todo su sacerdocio, toda su enseñanza está dirigida a Cristo, en  Cristo y por Cristo. Todos los dones que recibió los puso al...

Prólogo al Libro “La Masonería Dentro de la Iglesia, Misterium Iniquitatis” de Pierre Virion

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Nos alegra poder iniciar una serie de publicaciones con textos del padre Julio Menvielle que comienzan hoy en el cuadragésimo noveno aniversario de su retorno a la Casa del Padre y que se extenderá durante este año en preparación a los cincuenta años de la partida del párroco y teólogo de la Cristiandad. Cada día que nos acercamos a sus escritos vemos la claridad de su palabra y como ella tiene una cruda actualidad, en ella se explican algunas de las realidades que hoy vivimos en la Iglesia. Vaya en ello nuestro homenaje al padre Julio, que es deber de todo católico argentino que se precie de tal. Los textos están tomados de la edición de Cruz y Fierro de 1968, las mayúsculas son de la edición y las negritas son nuestras. El Caballero de Nuestra Señora   Hace apenas unos años, Cruz y Fierro publicó de Pierre Virion “El Gobierno Mundial y la Contra- Iglesia”. Allí aprendimos a conocer los planes novísimos que la Alta Masonería estaba ejecutando en el mundo occidental para ll...

Padre Julio Menvielle

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Reproducimos aquí esta noble poesía del padre Néstor Sato que debería ser leída por todos los que visitan la Tumba del padre Julio, que son muchos, como lo quisieron sus hijos espirituales en 1998, pero la estupidez de entonces y lo inexplicable de después, quizás la cobardía vaya uno a saber hace que la placa siga arrumbada en algún sitio, Pero para todos nosotros siguen resonando las palabras que, si no me equivoco fueron escritas para el traslado de los restos, por el padre Sato, mucho más que un "sacerdote poeta", al padre Menvielle, mucho más que un "párroco fundador". Sacerdote según Cristo, vigía y testigo de la verdad, un elegido para la caridad intelectual. Fue intransigente con el error. No conoció la cobardía del apaciguamiento ni la complicidad de la concesión. El mundo moderno, profeta y precursor de la bestia, vientre burgués preñado de ídolos. no obtuvo de él ni el esbozo de una sonrisa, menos aún, la genuflexión. El sólo dobló sus rodillas ante la Tr...