Padre Néstor Sato: «Sacerdote Según Cristo»
Homenaje al padre Néstor Sato, en sus Bodas de Diamante Sacerdotal
Si hay un lugar donde recordamos
al padre, es sentado en el confesionario, esperando. Perpetuo Socorro,
Visitación, Fátima (Lomas del Mirador) y tantas otras. Siempre lo encontrábamos
allí, siendo testigo y, por su sacerdocio, medio visible de la Misericordia de
Dios que se da en el sacramento. Refiriéndose a esto, en virtud de la acción
del padre Emilio Povse, monseñor Malfa dijo que «un sacerdote sentado en el
confesionario es la invitación de Dios a acercarse a la conversión, al perdón y
a la reconciliación».
El padre Sato es también esa
invitación, ya que siempre ha estado dispuesto a brindar el sacramento del
perdón y a dar esos consejos sencillos, pero que siempre nos acompañan durante
la vida. En lo personal, recuerdo cuando me enseñó que la cabeza es como una
maceta: si está vacía, se llena de basura; por eso hay que tenerla siempre
cuidada y ocupada con cosas nobles y santas. Una enseñanza que explica mucho
nuestro tiempo actual.
Pero el confesionario de las
parroquias en las que colaboró siempre se extiende al lecho del enfermo, donde
el padre no dudó en llegar cuando alguien lo necesitaba. No solo en los
momentos culminantes, sino siempre que la familia o el mismo enfermo lo requería.
Recuerdo cuando papá estaba
enfermo, pero no de gravedad, y debía operarse. Le pidió si podía venir a darle
los sacramentos y allí estuvo. Cuando mamá quería comulgar, un Viernes Santo,
mientras cursaba una internación en el marco de un año en el que tuvo cuatro
operaciones, allí estuvo el padre, quien se hizo un tiempo entre parroquia y
parroquia, en las cuales estaba ayudando con el sacramento de la
Reconciliación.
Un domingo me dice: «¿Vas para tu
casa?». Le digo que sí y me responde: «Te llevo, que tengo que ver a alguien en
la otra cuadra de tu casa». Un vecino que también iba a la parroquia le había
pedido si podía ir a ver a una señora que, por un error de la secretaría
parroquial de La Salud o por un error del párroco de entonces, recibía siempre
a un ministro de la Eucaristía cuando, en realidad, necesitaba confesarse. El
padre la asistió y, unos días después, aquella piadosa mujer partió a la Casa
del Padre, verdaderamente preparada. Su marido, que era conocido mío, estuvo
siempre muy agradecido.
El ambón nos remite a esas
homilías en las cuales aprendíamos. Las preparaba con ahínco durante la semana
y nos explicaba con el magisterio de la Iglesia y de los Santos Padres, con la
voz y la vivencia de los santos, en especial de los místicos san Juan de la
Cruz, santa Teresa y, sobre todo, santa Teresita del Niño Jesús, no sin una luz
sobre el acontecer social y eclesial.
Tomaba las tres lecturas y las
explicaba con su tiempo y claridad. Una joven de aquel entonces me decía: «Con
el padre Sato aprendo». Estas palabras lo definían todo. Eran homilías
maduradas, rumiadas, una verdadera exégesis bíblica.
El tercer lugar es el atrio. Allí
llegaba luego de sacarse las vestimentas sagradas en la sacristía y de hacer,
al pie del altar, una breve acción de gracias de rodillas. Era un espacio de
charla, de camaradería, donde brotaba el buen humor del padre, pero también era
un espacio donde, hablando de las cosas cotidianas, se aprendía de las cosas de
Dios.
Solo tres lugares, pero que
hablan del padre Sato como el Buen Pastor, que siempre estaba presente para
acompañar y brindar los sacramentos, la Palabra y el consejo para el camino de
santidad.
Hoy es el padre más longevo de la
Arquidiócesis —me imagino su sonrisa cuando se entere de esto—, quien, en su
retiro, estará con la oración y la meditación, acompañando a tantos y rezando
por tantos. Aunque no lo veamos, al remitirnos a su sacerdocio de misericordia
y cercanía con las familias, los jóvenes y las almas en general, este sigue
siendo un faro que proyecta la Luz de Cristo.
Hoy damos gracias a Dios por su
sacerdocio entre nosotros, por todos los bienes y caminos de santidad que han
acompañado su vida, y pedimos que, durante este tiempo, siga creciendo en el
amor a Dios y así nos siga dando testimonio del camino a seguir.
Cerremos con aquellas primeras
palabras que él dedicó al padre Menvielle y que, estoy seguro, le caben
rigurosamente, porque el padre Néstor Sato es, sin duda, «Sacerdote según
Cristo».
Supla la Gracia la deficiencia de
la pluma.
Marcelo Grecco
Director
Nota: Dejamos los links para acceder a algunos escritos y audios del padre Sato
Mortificaciones para el cristiano del siglo XXI
Biografía de Monseñor Straubingerb
Infancia espiritual de Santa Teresita

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