Luján, el Lugar Donde Donde la Virgen Quiso Quedarse y Donde el alma de la Patria Tiene su Centro Natural
“Una humilde imagen de su limpia y pura Concepción se quedó milagrosamente junto al río Luján, como signo de maternal protección sobre tu pueblo que peregrina en Argentina”, reza el prefacio de la fiesta de Nuestra Señora de Luján. Esta advocación representa para el pueblo argentino, la expresión del mutuo amor con la Madre de Dios; como expresa el prefacio, en Ella los argentinos sentimos la protección maternal de la Virgen Santísima.
La visita del Papa a Luján es realmente significativa. Quienes visitaron la Argentina y luego llegaron a la Sede Petrina, así como el propio san Juan Pablo II, siempre hicieron una parada junto a la Virgen de Luján. En 1987, el papa Juan Pablo II, no estuvo personalmente pero hizo sobrevolar el Santuario al avión en el que viajaba, mientras rezaba el Rosario junto con el séquito y la comitiva.
La Virgen eligió quedarse
La historia es conocida: María eligió quedarse con su imagen junto al río Luján. Miren, llevo años llevando la imagen de Luján a distintos hogares, y la experiencia me dice que María va donde y cuando quiere. Por eso, aquella imagen de la Inmaculada Concepción, encargada junto con otra igual por el hacendado portugués Antonio Farías de Sá, quien deseaba entronizarla en una capilla de su estancia, en la región de Sumampa —actual provincia de Santiago del Estero—, manifestó la voluntad de Dios y de su Madre de que debía establecerse junto al río Luján y convertir aquella zona en el centro de la espiritualidad mariana de los argentinos.
Estamos a cuatro años de que se cumplan los cuatro siglos de aquel hecho milagroso: la carreta en la que viajaban las imágenes de la Virgen Inmaculada no pudo arrancar, pues los bueyes solo comenzaron el viaje cuando bajaron de ella la imagen que hoy veneramos en Luján. Los hombres que venían en la caravana entendieron que era voluntad de la Virgen quedarse en aquel lugar. Por eso, la imagen permaneció en las tierras de la estancia de Diego Rosendo de Trigueros, al cuidado de Manuel Costa de los Ríos, africano esclavizado, hoy conocido como el “negrito Manuel”. Él se convirtió en su cuidador y fue, quizás, el primer hombre de este territorio que hizo el voto de esclavitud mariana, pues reconoció a la Virgen como su “Ama” y “Señora”.
Pasarían cuarenta y un años hasta que la imagen fuera trasladada a la estancia de Ana de Matos, donde hoy se encuentra la ciudad de Luján. Los relatos tradicionales sostienen que la imagen regresaba inexplicablemente al lugar anterior cuando intentaban trasladarla, hasta que se organizó su traslado definitivo con la intervención de las autoridades religiosas. Junto a Ella estaba Manuel, a quien Ana de Matos lé encargo que continuara acompañando y cuidara de la Señora.
En torno a la imagen se fue formando un lugar estable de oración y peregrinación. En 1685 se levantó una primera capilla, que constituyó el antecedente de la actual Basílica.
Un Santuario para la Virgen y el alma de la Nación
Con los años, la devoción pasó de ser local a regional y, en 1730, se le otorgó la dignidad de parroquia. A partir de entonces, creció la devoción y el encuentro de los hijos con la Madre, por eso, en 1763 se levantó un templo de mayores dimensiones, hasta que, en la segunda mitad del siglo XIX, se diseñó un nuevo templo y comenzaron las obras de la actual Basílica.
Hagamos un pequeño paréntesis, para recordar que en este solar y junto a la Virgen han estado Belgrano, San Martín, Saavedra, French, Pueyrredon. No sólo han estado y ofrendas prendas de sus batallas por la Patria, han orado a la Madre Purísima y han realizado discernimiento sobre sua planes de acción y su vida, a su cobijo ofrendaron los desplantes y sufrimientos causados por los enemigos de la Patria.
En 1872 llegaron los sacerdotes de la Congregación de la Misión (vicentinos). Entre ellos se encontraba el padre Salvaire, quien, en 1875, realizó una misión en las tolderías de Azul. Allí vivió una circunstancia en la que su vida corrió peligro e, invocando a la Virgen de Luján, le hizo tres promesas: 1) escribir su historia, promesa que cumplió en su obra *Historia de Nuestra Señora de Luján*; 2) propagar su culto; y 3) construirle un nuevo templo.
En 1887 se bendijo la piedra fundamental del nuevo templo. En 1889, al ser nombrado párroco, el padre Salvaire presentó el proyecto y, en 1890, comenzaron las obras.
El proyecto estuvo a cargo del arquitecto francés Uldéric (Ulrico) Courtois, con la participación de ingenieros y otros arquitectos, entre ellos Alfonso Flamand, Rómulo Ayerza, Ernesto Moreau y Francisque Fleury Tronquoy. El padre Salvaire no llegó a ver con sus propios ojos la culminación de la obra, pues falleció repentinamente en 1899.
La Basílica fue concebida para expresar la grandeza de la fe mediante la arquitectura. Es una obra monumental de estilo neogótico, inspirado en las grandes catedrales medievales europeas.
Entre sus características principales se destacan:
- Las torres: se elevan aproximadamente 106 metros, coronadas por agujas y cruces monumentales.
- El rosetón: un gran vitral circular de unos 10 metros de diámetro domina la fachada.
- La planta de cruz latina: su distribución arquitectónica remite simbólicamente a la Crucifixión de Cristo.
- Las bóvedas ojivales: las naves están cubiertas por estructuras características de la arquitectura gótica.
- Los vitrales: narran escenas de la historia de la Virgen, los orígenes de su culto y acontecimientos vinculados con su coronación.
- El camarín de la Virgen: constituye el espacio especialmente destinado a la veneración de la imagen.
El templo se inauguró sin las torres en 1910. En 1930, Su Santidad Pío XI lo elevó a la categoría de Basílica Menor y, en 1935, se culminaron las dos torres. En 1998 fue declarado Monumento Histórico Nacional.
Un hecho no menor es que, en 1887, Su Santidad León XIII otorgó la corona pontificia a la imagen de Nuestra Señora de Luján. Hoy, la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Luján se celebra el 8 de mayo, día en que tuvo lugar la coronación; anteriormente, se celebraba el 7 de febrero. Es significativo, en el contexto de la visita del papa León XIV, que quien halla coronado a la Virgen sea León XIII, de quien tomo el nombre el ilustre visitante que esperamos.
El 8 de septiembre de 1930, el papa Pío XI señaló que “dentro de los límites de la República Argentina, en la ciudad llamada Luján, se encuentra una venerable imagen de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada, a la que los fieles cristianos, no solo de la región argentina, sino también de las vecinas Repúblicas del Uruguay y del Paraguay, veneran desde hace tres siglos, con constante piedad y máxima devoción, bajo el título de Nuestra Señora de Luján”. Con la intención de “fomentar y acrecentar cada día más la veneración y la piedad de los pueblos de esas regiones hacia la Santísima Virgen María Inmaculada de Luján”, accedió al pedido de los obispos y, luego de escuchar a todos los que debían opinar y de “haber examinado cuidadosamente todos los aspectos de este asunto, así como las cartas de petición de los arzobispos, obispos y demás prelados de esas mismas Repúblicas, por propia iniciativa, con conocimiento cierto y madura deliberación”, declaró y constituyó “a la Bienaventurada Virgen María Inmaculada, invocada bajo el mencionado título de Luján, principal Patrona ante Dios de las tres Repúblicas: Argentina, Oriental del Uruguay y del Paraguay”[1].
En 2001, después de 130 años, los sacerdotes de la Congregación de la Misión (vicentinos) fueron relevados de la atención pastoral del Santuario. Se argumentó que el clero diocesano podía ocuparse de la atención parroquial, pero eso no ocurrió y quedó en evidencia que había otros motivos, sobre los cuales no es este el lugar para ahondar. Simplemente mencionemos que fue nombrado párroco un sacerdote que no pertenecía al clero de la diócesis, lo que dio al Santuario un perfil muy diferente del que tenía con aquellos santos y abnegados sacerdotes de la Misión. Es un triste momento que no podemos dejar de reflejar.
Peregrinar al cobijo de la Madre
Hablar de la peregrinación a Luján nos remite rápidamente a la Peregrinación Juvenil Arquidiocesana, que se realiza el primer domingo de octubre. Algunos creen que esa es toda la historia, pero no, hay antecedentes muy anteriores de peregrinos. La peregrinación juvenil, comenzó en 1975 con algunas intenciones, que pronto fueron superadas por la fe y el amor que el pueblo argentino tiene a la Virgen María, en la “imagen de su limpia y pura Concepción” que se venera en Luján.
Más allá de que, desde los primeros acontecimientos, el lugar donde estuvo la imagen fue siempre un sitio de peregrinación para los fieles, podemos señalar el 3 de diciembre de 1871 como el comienzo de las peregrinaciones organizadas: ese día, los católicos peregrinaron al futuro Santuario para dar gracias por el cese de la epidemia de fiebre amarilla. En 1893 se realizó la peregrinación organizada por el padre Grote, fundador del Círculo de Obreros Católicos, que partió de la Basílica de San José de Flores.
Más tarde, en 1904, se realizó una nueva peregrinación para conmemorar el cincuentenario de la declaración formal del dogma de la Inmaculada Concepción. Debido a los problemas climáticos, solo nueve peregrinos lograron llegar. Este fue el comienzo de una peregrinación anual que se realiza inenterrumpidamente por más de cien años y aunque algunos la quieren opacar y, en cierto modo lo han logrado, sigue vigente. Mi padre y mi padrino participaron en ella y me contaban la piedad y el espíritu que los animaba a ir a Lujan. Eran tiempos de un Catolicismo que fomentaba en sus instituciones el amor genuino por la Patria, eran tiempos de la defensa firme de la fe.
En 1975, esta peregrinación, a la que acudían jóvenes y adultos y que remitía a una historia eclesial que el progresismo no quería asumir y pretendía enterrar con ese espíritu difuso de un concilio que no existió, pareció quedar relegada por la nueva Peregrinación Juvenil Arquidiocesana. Esta última tenía, en el contexto del país, un fuerte contenido político y era claramente fruto de una teología que comenzaba a pervertir la fe. Pero Dios escribe derecho con renglones torcidos: toda esa carga política quedó en la organización y no hizo mucha mella en la grey, que conserva una fe sencilla y amor a la Madre. Son peregrinos que caminan por su vínculo especial con la Virgen; quizás no todos lleven una vida religiosa cien por ciento coherente, pero tal vez tengan más fe que muchos de nosotros. No los animan lemas mediocres y horizontalidad, ni homilías políticas, sino la fe y el amor a la Madre de Luján y ella hará lo suyo, son gente piadosa que quizás recen con Castellani: “al filo de mi agonía no recordés mis reveses recordá, en vez, cuantas veces y ya desde muy gauchito yo te he rezado el bendito la Salve y los cinco dieses.”
Junto a estas trascendentes peregrinaciones de la grey católica argentina al Santuario, hay otras que merecen destacarse:
En 1945 comenzó la Peregrinación Gaucha, impulsada por la colaboración entre la Iglesia y las agrupaciones tradicionalistas, en especial los círculos criollos El Rodeo y Martín Fierro. En ella tuvo un papel fundamental el obispo de Mercedes, monseñor Anunciado Serafini, conocido como el “obispo peregrino”.
Algunos estudios consideran que su origen podría estar relacionado con rogativas por la lluvia, en tiempos de sequía que amenazaban los cultivos y el ganado. Este acto de amor a la Virgen se convirtió en una expresión de fe y tradición criolla, con jinetes, carruajes, imágenes religiosas y agrupaciones de distintos puntos de la provincia de Buenos Aires. Más de cien agrupaciones tradicionales llegaron a participar en esta peregrinación gaucha.
También peregrinan las colectividades. Está documentado que la colectividad italiana lo hace desde 1908; también peregrinan la colectividad boliviana y otras.
Anualmente, llegan parroquias de diócesis cercanas y lejanas, y las diócesis peregrinan a la casa de la Madre.
De Lujan al Mundo
Aquella imagen que nos muestra la cercanía y el amor maternal de Maria, la Madre de Dios, acompaña hoy a muchos argentinos que están en otras tierras, muchos han tenido que abandonarla en busca de mejores horizontes. Ya desde finales del siglo XIX su presencia se ha ido extendiendo
Pero fundamentalmente Maria, que es la primera y gran misionera, acompaña a misioneros argentinos que están en el mundo y que con ellos llevan una réplica de aquella humilde imagen que la Viegen quiso que se quedara en Luján, a todos los lugares donde van. Especialmente esa nobilisima Congregación argentina, que ha llegado a lugares significativos, allá donde muchos no irían, lugares donde el amor por los excluidos y más necesitados se hace evidente y es cosa de todos los días y no se queda en meras palabras. Sin duda, me refiero al Instituto del Verbo Encarnado, que tiene ese cuarto voto de esclavitud mariana y a la Virgen de Luján como su Patrona nobilisima.
Al llevarla a sus casas religiosas, hacen posible que la Madre de Luján con su imagen y sus colores, que son los de la Patria, estén en esta hora dramática de la historia, en los lugares más difíciles e incluso que la misión a ellos encargada por el Papa, Tayikistán, la tenga como Patrona y Señora. Desde su fundación y extensión por gracia de Dios y la providencia de vocaciones, han llevado a muchísimas ciudades y países la bella y sencilla imagen.
Querido lector, aquel Santuario donde “Ella (…) quiso quedarse” y donde “el alma nacional argentina [supo] comprender que allí [tiene] su centro natural”, como bien dijo Pío XII, recibirá nuevamente al Vicario de Cristo. Con él llegarán peregrinos que, acudirán a Lujána rezar a la Madre y a escuchar su voz y recibir, a través de su palabra, a la Persona y el mensaje de Cristo. Pidamos por los frutos de esta visita en las almas y en la Patria.
Supla la Gracia la deficiencia de la pluma
Marcelo Grecco
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