Rezamos y Esperamos

 


El Santo Padre ha sido operado y, hasta este momento, no se sabe si vendrá a la Argentina. Desde El Caballero de Nuestra Señora seguimos elevando oraciones por su recuperación y porque el Señor le permita realizar este viaje tan especial para él y para nosotros. Que el Sucesor de Pedro venga a visitarnos, es un don inmenso que debemos agradecer a cada instante y debemos pedir por los frutos de esta visita.

La enfermedad del Santo Padre es compleja, pero no conocemos el estado en el que se la detecto, salvo por sus mismas palabras al anunciar la operación, él hablo de los primeros estadios y quienes operaron dieron, dentro del cuadro, buenos pronósticos. En los medios desfilan personajes médicos que se desviven por hacer diagnósticos a ciegas, personajes que ya dan hasta pronósticos de tiempos de vida, como ayer escuche a uno que hablaba de esto y decía que el Papa estaba recién tomando conciencia de su finitud, como si lo conociera íntimamente. Inmediatamente pensé que este señor periodista no entendía nada de la fe cristiana y recordé un convencimiento que yo tengo sobre la mayoría de los Papas, son ellos más que nadie los que tienen conciencia de esa finitud. Pero luego leyendo la encíclica Papal, pude ver como el Papa León, en los puntos 118 y 120, trata el tema con mucha claridad:

 “Hoy nuestra relación con la vida parece estar en crisis. Todo lo que representa un “límite” —incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento, vulnerabilidad— tiende a ser leído principalmente como un defecto que hay que corregir, más que como un espacio en el que el ser humano madura y se abre a la relación. En cambio, debemos recordar que el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite. Una visión de la realidad a la luz de la fe ayuda a reconocer lo que llamamos “contingencia” de las cosas de este mundo. Si por un lado es necesario tratar de eliminar el sufrimiento que marca la vida humana, por el otro, es sabio reconocer nuestra finitud constitutiva, sabiendo que ≪la experiencia religiosa, en particular la fe cristiana, proponen habitar sin simplificaciones esta ambivalencia entre la grandeza y el límite de lo humano, interpretándola a la luz de la relación originaria y fundante con Dios≫ (Comisión Teológica Internacional, Quo vadis, humanitas? Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad (9 febrero 2026), 3.)”. (118)

Aun cuando el límite se manifiesta como dolor interior, la sensatez humana enseña a no negarlo ni eliminarlo, sino a integrarlo. Para eliminar totalmente el dolor sería necesario, a fin de cuentas, apagar también el amor y el deseo. Quien ama y desea, en efecto, no puede evitar atravesar la prueba y el sufrimiento, y por eso, a lo largo de los años conservamos en nosotros enseñanzas que quedan marcadas como cicatrices, memoria del camino realizado entre libertad y caídas, sueños y decepciones. Sólo gracias al entramado de estos elementos, se realizan en el corazón esas maravillas interiores que nos hacen saborear el gusto más dulce de nuestro ser humanos. Renunciar a esta aventura, al mismo tiempo dramática y espléndida, en nombre de una presunta superación de todo límite podría ser cualquier cosa, pero no significaría ser humanos.”

Aquí, mientras el Papa continúa su recuperación, seguiremos rezando y preparando con artículos esta visita que esperamos se realice en la fecha prevista o en otra próxima, pero siempre al rezar y pedir volvemos al Huerto y con el Señor pedimos: “No se haga mi voluntad, sino la Tuya”.

Supla la Gracia la deficiencia de la pluma

 

 

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