Pbro. Julio Ramón Menvielle, Catedral Intelectual
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| Imagen en el recordatorio del padre Julio con la poesía del padre Sato |
Pasado el
mediodía del 31 de agosto de 1905, Teresa Canale de Meinvielle, junto a su
esposo Martín, vieron nacer a este mundo a Julio Ramón, en su residencia de la
calle Paunero, que todo nos indica que estaba en el barrio de Almagro, como
indica su partida de nacimiento.[1]
Faltarían veintinueve
días para que se cumplieran 68 años de aquel feliz acontecimiento, cuando aquel
niño da su último suspiro, convertido ya en un hombre de Dios; Sacerdote de Cristo;
Apóstol de la Verdad; “Teólogo de la Cristiandad”; Formador de niños y jóvenes;
una de las mentes más brillantes de la Argentina; polemista; escritor; Padre y
Pastor de Almas;” Párroco de la Patria”.
Fue entrada la
noche de aquel 2 de agosto de 1973 que como consecuencia de una “insuficiencia
respiratoria aguda”, Julio Ramón Menvielle “expiró” en el Sanatorio San José.
Había llegado a
aquel sanatorio desde el Hospital Ramos Mejía, el que le habían dado las
primeras atenciones, cuando en la noche del martes del 26 de junio, un Ford
Falcon lo arrolla al cruzar la Avenida 9 de Julio, cercano a la Av.
Independencia, a escasos metros de su residencia en la Santa Casa de
Ejercicios, fundada por Santa Mamá Antula, de la que era capellán, donde
residía desde que dejó su función de párroco en La Salud, para dedicarse a la
vida intelectual y a la formación de jóvenes en la doctrina de Santo Tomás.
Más de un mes
internado y con muchos dolores, por los politraumatismos recibidos en todo el
cuerpo y el cráneo, que según relatan testigos ofreció por la Iglesia y la
Patria. Había recibido los sacramentos y me atestiguaba Silvia Ortiz de
Belardich, que al darle la unción el Padre Ganchegui, su sucesor en Versailles,
le decía “Las piernas Ganchito, las piernas”, para que no se olvidará de ungir
esa parte del cuerpo.
Sus discípulos han
investigado oportunamente, si el accidente fue tal o se trato de uno de los
atentados por su vida que el padre había tenido y, según testimonios serios, no
habría otra razón que la de un accidente. La santidad del padre Julio no
necesita que inventemos un accidente, no necesita que se hagan nuevos juicios,
luego de la muerte de testigos o que se declare un martirio de sangre que no
fue tal. El padre Julio fue un sacerdote de Jesucristo, que sufrió la persecución
en vida y en muerte, por odio a Cristo, por odio a la fe, por odio a la Verdad,
que él amó intensamente y por la que luchó en todos los ámbitos en donde actuó.
Su martirio no
fe de sangre, pero si Meinvielle es un mártir de la palabra, porque su verbo no
fue otro que el VERBO, un mártir en sus acciones, porque sus obras no son otras
que Opus Dei (Obras de Dios) y eso no lo acepta el mundo moderno “profeta y precursor
de la Bestia”, que no obtuvo del padre Julio “ni el esbozo de su sonrisa”, como
bien dice el padre Julio; no lo aceptan los exponentes de este mundo que todo
lo destruye; no lo aceptan los discípulos y ejecutores de la revolución
anticristiana, masónica y atea; no lo aceptan los hijos de la “Iglesia
Clandestina” que no dudó en matar al mejor de sus discípulos; no lo aceptan los
mitrados progresistas y los teólogos que no le pueden ni atar los cordones de
los zapatos. Y por eso, en vida y muerte lo persiguen, lo difaman, lo niegan,
buscan ocultar sus obras, buscan destruirlas, se niegan a ver las evidencias de
sus enseñanzas.
Fue mártir,
porque fue pastor y pastor unido al Buen Pastor, tuvo “olor de Pastor”, “olor
al Buen Pastor” ese que hace que el rebaño reconozca en él a Cristo.
A su paso todo
hombre con buena voluntad, lo reconocieron, incluso aquellos que siendo sus discípulos
y habiendo alcanzado la vocación al sacerdocio, desviaron el camino y sabiendo
que habían perdido el norte, fueron a verlo y a obtener su consuelo y la paz
que da estar en Cristo y su Iglesia.
Menvielle sufrió
la cárcel – y la aceptó, aunque no era quien debería estar preso-, tuvo que
ocultarse a la fuerza, sufrió las balas en la puerta de su casa, sufrió la
difamación en vida y aún muerto, incluso hasta de la máxima autoridad eclesial
que nunca entendió nada de lo que es el amor a las almas y por eso quiso
convertir la caridad cristiana en la “fraternidad” masónica, tal como el padre
Julio lo había advertido más de tres décadas antes.
Sufrió la persecución
de capillitas intelectuales, que negaron que sus discípulos y su amado barrio
diera sepultura en el Templo que construyó con tanto esfuerzo. Capillitas que
frente a una catedral intelectual como la de Meinvielle quedan totalmente
eclipsadas, por eso quieren ocultar su obra y su vida. Hay veces que las capillitas llevan mitras y
báculos, mientras que las Catedrales son simplemente párrocos y capellanes…
El padre Julio
dijo una vez, “los pobres y los niños son mis preferidos” y actuó en
consecuencia.
Versailles es
testigo de ello, también aquella ventana de la Santa Casa donde el padre dejaba
la mitad del churrasco que le dejaban las religiosas (congregación también
destruida por Bergoglio, García y demás cómplices) para su cena; su escritorio donde
dejaba las montañitas de dinero para los pobres de Constitución /Monserrat; los
que recibieron de sus manos el colchón, la remera o el dinero para sus
estudios; los sacerdotes a los que ayudó; los que llegaron a recibir hasta una
casa[2]
para su familia; los que recibieron su formación en la Universidad Popular de
Versailles que motivó a su llegada al barrio y la salita de salud que promovió.
La formación
integral de la niñez y juventud fue su mayor obra en Versailles, los grupos
scouts, la Acción Católica, los grupos de perseverancia Santa Teresita del Niño
Jesús y San Luis Gonzaga, el Ateneo Popular de Versailles, el día del Niño de
Versailles con la inauguración de una plaza de juegos, su aporte a la construcción
de escuelas y tantas otras acciones que, en su vida cotidiana de padre y pastor,
trajo a esta porción de la Iglesia y de la Patria.
Destaquemos,
por último, su devoción a la Virgen y ese permanente desgranar de las cuentas
del Rosario, en el Patio de la Parroquia, en los pasillos de la estación Independencia
del subte, en su celda, incluso mientras celebraba su Misa, comprendiendo que el
Misterio de la Redención de Cristo estaba íntimamente unido a Cristo.
Consciente que
se acercaba su hora y pidiéndole el padre Sánchez Abelenda un legado, una
última palabra sobre la situación actual en la Argentina y él le afirmo que
desde lo humano no había solución, pero si desde lo sobrenatural, en una
esperanza que es «la devoción
del pueblo cristiano a la Virgen”. Tal vez por esto que el progresismo más rancio, tomó por asalto los
grandes santuarios y peregrinaciones, cuando al principio negaban a la Virgen y
por supuesto todos los dogmas marianos.
La figura del padre Julio es inalcanzable, se
escribirán artículos y libros sobre él y siempre habrá algo nuevo que decir, aunque
todo parte y culmina en su sacerdocio, porque es lo que ha sido en esencia, “Sacerdote
según Cristo”. Un sacerdocio del que reniegan las capillitas intelectuales
del mundo moderno, aunque tengan mitras y grandes cargos.
Fue párroco y capellán, pero sembró la Verdad y la
Caridad, en sus obras y en sus palabras.
Las capillitas le critican sus “combates por amor”,
sus “gestas de Dios”, “su intransigencia con el error”, su “impaciencia de (…)
consagrado”, su “coraje de la fidelidad”, su amor a la Iglesia que fue “vida”,
su amor a la Patria, “su herida”.
Es que ellas se rindieron - hace mucho tiempo - su
vida al mundo moderno, al que no solo le esbozan sonrisas, sino que caen
genuflexos ante sus encantos, como Adán y Eva cayeron ante las promesas de la
serpiente.
Padre Julio, que su vida nos enseñe, a “combatir
por amor”, a no “faltar a ningún combate”, a no “esbozar siquiera una sonrisa al
mundo moderno, profeta y precursor de la bestia”, a doblar nuestras rodillas
solo, ante la “Santísima Trinidad y ante la Madre del Salvador”[3].
Supla la gracia, la deficiencia de la pluma
Marcelo Eduardo Grecco
Director
2-8-26
Nota: Dejamos aquí el link de la playlist sobre el padre Julio que tenemos en nuestro canal y la del canal Zapato de Encuentro:
El Caballero de Nuestra Señora
https://youtube.com/playlist?list=PLSdyCNmFNoGZpj0u7vemfSqwDaAd2qh_Z&si=zvlVbg5SgTzlEKGn
Zapato de Encuentro
https://youtube.com/playlist?list=PLtF-l3jSfO468iegN-ihr1qFBC6FGv9XU&si=FmvQMsinQWGBDed-
[1] La
calle toma su denominación actual en 1904, según indican los registros que
hemos encontrado hasta ahora, pero diversas situaciones estamos seguros de que
se trata de la calle de Almagro. El más importante responde a que son las secciones
del Registro Civil que figuran en su partida tienen jurisdicción en esas zonas,
otro es que quien se presenta con el poder de la madre, Domingo Jaureguiberry y
el testigo Santos García, tienen domicilio en la calle Gascón 92 y 96
respectivamente y el segundo testigo, Jacinto Gómez en la calle San juan 3811
(esq. Castro Barros). Nos hace ruido la altura, ya que no tenemos registro
sobre la numeración de Paunero en esa época, podría ser que la actual
numeración tenga que ver con los cambios que se hicieron esos años, donde toman
la numeración de Rivadavia hasta Río de Janeiro.
[2] Las
propiedades en aquella época no valían lo que valen hoy, donde el valor de la
tierra ha excedido todo límite y cada vez menos acceden a ella.
[3] Textos
de la Poesía del Padre Sato el día de su muerte https://youtu.be/k5hRoXNLWdM?si=NXDivB8omwrHP8x5

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